Antes de su viaje por el sur de Colombia, Margarita me pidió el favor de cuidar a su perro y de regar los cinco girasoles que había plantado. Además de regarlos, me puse a observarlos. Desde mi ventana podía mirar los cinco montones en la tierra que sostenían los tallos verdes cubiertos de diminutos pelos blancos. De cada tallo salían diez o doce ramas con su hoja y en la parte superior el tallo tenía una pequeña bolita, que llamamos botón floral.

El botón floral es una pequeña bola hecha con las hojas que cubre la flor. Con el pasar de los días, la flor busca la luz y empuja las hojas . En los primeros días esta bolita es verde. Cuando la flor comienza a salir se vuelve amarilla. Y después, el color amarillo se convierte en un color marrón. Y así de un día al otro vemos la flor en su esplendor, con sus pétalos amarillos que buscan el sol. La palabra girasol está compuesta de dos palabras: gira, del verbo girar y sol, el nombre de nuestra estrella, porque el girasol siempre busca el sol.
Pude al mismo tiempo contemplar la evolución del centro marrón del girasol, donde están los ovarios. Cuando los ovarios se rompen dejan salir los pétalos cerrados, que se llaman corolas. Cada corola o pétalo cerrado tiene un diminuto palito del cual sale un pequeño hilo púrpura que a veces tiene la forma de un corazón. Parece que las corolas están organizadas en forma de espiral. En el núcleo el color predominante es un marrón oscuro, pues aquí los ovarios aún no tienen corolas, sólo tienen sus pequeños palitos o anteras. Desde el centro hacia los pétalos el color se transforma de marrón a amarillo.
Mientras regaba y contemplaba los girasoles llegó a mi cabeza unos versos que no recordaba hacía mucho tiempo.
‘La rebelión consiste en contemplar una rosa hasta pulverizarse los ojos’.
Creí que ahora, después de 10 años, entendía el significado de estos versos. Cuando contemplamos adoramos la cosa que contemplamos. La persona que adora debe detenerse, abandonar lo que hace y mirar. Y con tantas cosas que he tenido que hacer estos días, mi contemplación era la rebelión, porque yo tenía que parar mis actividades para ir, regar y mirar el girasol y la abeja que venía a visitarlo. La persona que contempla, no necesita poseer ni obtener. Contemplar no es poseer, no es tener, no es obtener.

Contemplar suena a templo, entonces me pregunté sobre el origen del verbo contemplar. Contemplar viene del verbo latino contemplari, que significa observar un espacio con límites. La palabra se compone de la preposición con y la palabra templo. En la antigüedad los augures o adivinos observaban el cielo para conocer el futuro, pero sus ojos no podían ver la totalidad del cielo. Por esa razón con un bastón ponían límites a la parte del cielo en la cual debían concentrarse y observar el vuelo de los pájaros. Estos animales llevaban los mensajes de la divinidad. Templo antiguamente significaba una porción del cielo donde los dioses dejaban sus mensajes. Así podemos pensar que en el origen la palabra contemplar tenía una relación con lo divino que se manifiesta a través de la naturaleza.
Recordé también que el poema tenía una primera parte la cual había olvidado. Abrí el libro y leí los primeros versos:
Una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
Y al leer la segunda parte del poema me di cuenta de que el verbo no era contemplar, sino mirar.
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
Alejandra Pizarnik
Entonces pensé que la interpretación que había hecho de mi contemplación del girasol estaba equivocada, pues había olvidado y cambiado el verso, entonces me pregunté por el origen del verbo mirar, que en español significa no solo el acto de mirar, sino en algunos casos significa revisar, ver con atención, cuidar, pensar o juzgar, verbo que usamos en muchas expresiones como ‘mira lo que haces’ para decirle a alguien que ponga atención en lo que va a hacer.
Mirar viene del latín ‘mirare’ que significa admirar, a su vez es un verbo que viene del adjetivo mirus, que significaba hermoso, maravilloso, extraordinario. Así, mi interpretación no estaba tan lejana, mirar es admirar, y no podemos admirar si no nos detenemos para observar y sentir. Para admirar necesitamos tiempo, necesitamos caer en los detalles de la cosa que miramos.
Porque la mirada se pulveriza y se derrite, cuando se une a lo que ve. La mirada suspende el tiempo y une a la persona que observa con aquello que es observado. Esa es la rebelión.
Mis ojos se unen con la caída de los pétalos. La flor más grande comienza a secarse. Los colores brillantes se tornan ópacos, el amarillo se oscurece y el centro se vuelve de un marrón pálido, casi gris. Pero mientras esto pasa, el tallo germina nuevos botones florales, con nuevos girasoles más pequeños, que también van a secarse días después.
Días antes del regreso de Margarita, fui con su perro por un camino en el campo. Luego de caminar un par de kilómetros alcanzamos un gran campo de girasoles. Nos detuvimos a admirar el campo, con sus múltiples flores que morían y nacían y otra vez se detuvo el tiempo, éramos uno: el sol, el perro, yo, los girasoles y el viento. Mis ojos se pulverizaron en el campo, la piel de mi mano en el pelo del perro y la piel de mi cuerpo en el roce del viento. Y esa fue nuestra revolución, parar, contemplar, mirar, sentir y admirar las cosas simples y naturales que la vida nos da. Recordé otros versos de otro argentino:
Este perro, cotidiano, inaudito, que demuestra el milagro, que me acerca al misterio, que da ganas de hincarse, de romper una silla
Oliveiro Girondo.
¿Tu qué piensas? ¿La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos?
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